No a la Europa de la guerra – No al rearme europeo

La crisis histórica del capitalismo está empezando a tener efectos visibles a todos los niveles. Los conflictos imperialistas e interimperialistas impulsados por las potencias regionales están conduciendo a guerras abiertas. El ataque de Rusia a Ucrania está alimentando la remilitarización de la burguesía europea. La guerra genocida lanzada por Israel ha dado lugar a «acuerdos de paz» neocoloniales en Palestina, mientras que el imperialismo estadounidense vuelve a utilizar la coacción militar en América Latina y practica un bloqueo inhumano contra Cuba. Hay otras guerras contra los pueblos y las minorías en Yemen, Birmania, Sudán, Congo, Siria y el Sahel africano.

Las acciones de Estados Unidos, secuestrando a Maduro y a su esposa en Venezuela y amenazando con invadir Groenlandia en enero de 2026, se suman a la desestabilización y a la opinión de que es necesario el rearme.

La Cuarta Internacional y sus secciones rechazan el concepto capitalista de «seguridad», que requiere un despliegue aún mayor de armas de destrucción masiva. Europa ya está fuertemente militarizada y se tambalea tras años de austeridad y recortes en los servicios públicos. Pero cuando se trata de dinero para la industria armamentística, hay más que suficiente para todos.

Las «democracias» liberales se están volviendo cada vez más autoritarias; los líderes empresariales buscan formas de salir de su crisis estructural de rentabilidad, garantizando mayores beneficios sin que esto se traduzca en desarrollo social; la transición verde prometida por las élites se ha transformado, sin debate público, en un aumento exponencial del gasto militar a nivel internacional. El impulso hacia la guerra no es ajeno al auge del racismo y el fascismo en todo el continente, ni a la expansión de Frontex y del Pacto de Asilo e Inmigración; la vigilancia masiva, la militarización de las fronteras y los ataques a los refugiados son lo que la clase dominante nos tiene preparado a todos a medida que se agrava la crisis climática y la sociedad se vuelve menos estable. El racismo y el fascismo están en auge en Europa, y los Estados capitalistas se están reforzando. En Europa, esto se traduce en un endurecimiento de la política contra los migrantes. No solo en las fronteras, sino también dentro de los países europeos y en las rutas hacia ellos.

De hecho, la Unión Europea se encuentra en medio de un aumento sin precedentes del gasto militar: hasta 800 000 millones en cuatro años. Para ello, propone relajar las omnipresentes reglas de disciplina fiscal, permitiendo a los 27 Estados miembros endeudarse; fomentar nuevos préstamos a los Estados mediante la reforma del Banco Europeo de Inversiones (BEI); e incluso desviar dinero destinado a los fondos de cohesión hacia el gasto militar. Los mismos que decían que no había fondos para una Europa social, ahora promueven una Europa de guerra, militarismo y alambre de púas.

Se trata de un verdadero cambio de paradigma que no solo pretende impulsar el gasto en armamento, sino también promover la reindustrialización europea de forma militar, al tiempo que se siguen destruyendo los servicios públicos y la protección social. Una visión de la defensa europea establecida en el documento Strategic Compass for Security and Defence que ya no se basa en el mantenimiento de la paz, sino en la protección de las infraestructuras críticas, la seguridad energética, el control de las fronteras y la protección de las «rutas comerciales clave». En otras palabras, proteger los intereses coloniales europeos garantizando la «autonomía estratégica» de la UE, en última instancia sujeta a los designios del imperio estadounidense y de la OTAN como su brazo armado. Una Unión Europea que ha seguido facilitando de diversas maneras el suministro de armas a Israel para llevar a cabo el genocidio del pueblo palestino.

De este modo, la tan anunciada transformación del modelo productivo, así como la transición energética necesaria para cumplir con los planes de descarbonización, han quedado sepultadas bajo las bombas. Pero la carrera armamentística europea, además de poner de manifiesto el fracaso del greenwashing, representa una aceleración hacia el abismo de la emergencia climática. Los materiales escasos y escenciales que necesitaríamos para garantizar una transición ecosocial son ahora utilizados para el rearme europeo.

El rearme europeo, al igual que la carrera por la inteligencia artificial generativa, representa una verdadera carrera acelerada hacia el abismo climático.

La remilitarización y el cierre de fronteras se han convertido en la piedra angular del nuevo proyecto de «Europa como potencia» en el contexto de la policrisis global, complementando el dogmatismo de mercado que ha prevalecido hasta ahora con un pilar de seguridad más reforzado. La invasión imperialista de Putin ha servido de catalizador para la ofensiva militarista del rearme europeo, basada en la construcción de un fuerte sentimiento de inseguridad.

Las élites europeas están utilizando una estrategia de shock, con tambores de guerra de fondo, no solo para cumplir su objetivo de viejo objetivo de integración militar europea, sino también para reforzar un modelo de federalismo oligárquico y tecnocrático. Porque nuestra lucha no es por una UE independiente de Estados Unidos, Rusia y China, basada en el refuerzo de su propia estrategia imperialista y colonialista, sino por la construcción de un horizonte europeo ecosocialista que construya una relación de solidaridad y apoyo mutuo con otros pueblos.

Sin una política internacionalista independiente, la clase trabajadora y los pueblos de Europa están condenados a ser marionetas en manos de las grandes potencias; la economía se centrará aún más en la industria militar y el saqueo ecológico, y la clase trabajadora no será más que carne de cañón en manos de gobiernos belicistas.

Por todas estas razones, hacemos un llamamiento a los pueblos de Europa para que se levanten contra el rearme y la economía de guerra promovidos por la UE y sus gobiernos. Deben buscar alianzas internacionalistas para hacer frente al riesgo de una nueva guerra mundial y a la amenaza nuclear que se vislumbra en el horizonte.

Debemos comprometernos con una política antimilitarista e internacionalista que rechace el imperialismo en todas sus formas.

Rechazamos el nacionalismo y los prejuicios nacionales. Nuestro proyecto político es unir a los pueblos de Europa, desde Rusia hasta Irlanda, desde Noruega hasta Italia, en una lucha conjunta contra sus gobiernos capitalistas y el imperialismo.

Debemos oponernos a cualquier aumento de los presupuestos militares en nuestros países y llevar a cabo una lucha internacionalista contra los nuevos proyectos de servicio militar que forman parte del proceso de militarización.

Debemos vincular la lucha climática a la lucha contra el militarismo, ya que un futuro ecosocialista es incompatible con cualquier proceso de rearme imperialista.

Debemos acabar con el comercio de armas, convertir la fabricación de armas en producción social.

Debemos exigir la disolución de los bloques militares de la OTAN y la OTSC.

En esta situación, consignas como «guerra a la guerra», «abajo los presupuestos militaristas» y «contra el servicio militar» deben servir para armar políticamente un movimiento antimilitarista que tenga como objetivo limitar la capacidad de nuestras burguesías para impulsar un rearme que fomente el crecimiento de la extrema derecha, aumente la represión interna y fronteriza y acerque la posibilidad de una guerra.

Solo un mundo ecosocialista puede poner fin a la amenaza de la guerra. Debemos centrar los esfuerzos de la humanidad en mejorar la vida de todos, garantizando que nuestros recursos se distribuyan democráticamente de forma justa para asegurar una buena vida, más allá de la explotación sin fin y la opresión autoritaria.

Debemos apoyar las movilizaciones y huelgas contra el rearme imperialista que están liderando las organizaciones de trabajadores en países como Italia, y movilizaciones como las que tendrán lugar el 5 de marzo en varias ciudades de Alemania y el 28 de marzo en Roma.

Guerra contra la guerra: por el internacionalismo y la solidaridad entre las clases trabajadoras y oprimidas de todo el mundo.

25 de febrero de 2026

International Committee