¡Detengamos a la extrema derecha: movilicémonos para elegir a Lula en la segunda vuelta!

Declaración del Bureau Ejecutivo de la Cuarta Internacional

La primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas, celebrada el 4 de octubre, estuvo marcada por una renovada ofensiva electoral de la ultraderecha, al término del tercer mandato de Lula. Con el 47,03% de los votos, frente al 45,16% de Lula, Flávio Bolsonaro lideró la primera vuelta con una ventaja de más de dos millones de votos. La extrema derecha también obtuvo avances en el Parlamento y en los estados: el partido de Bolsonaro consiguió 121 escaños en la Cámara de Diputados (de un total de 513) y se convirtió en la fuerza dominante en el Senado.

Los resultados confirman el enraizamiento del sector más radical de la derecha extrema (bolsonarismo), cuatro años después de la derrota de Jair Bolsonaro em 2022, ahora encarcelado por su conspiración el intento de golpe de Estado de 2023. Pero también reflejan una grave crisis en el sistema político brasileño, particularmente de la cúpula del poder judicial, envuelta en privilegios y sospechas de corrupción, con varios miembros implicados en un escándalo de vínculos con un banquero fraudulento. Dado que el Tribunal Supremo había desempeñado previamente un papel progresista en el control de los excesos de Bolsonaro y en el enjuiciamiento de su intento de golpe, sectores populares comenzaron a identificarlo con el gobierno, rechazando así a ambos. Además, las políticas moderadas y conciliadoras de Lula no cumplieron con las expectativas populares, alimentando el descontento que la ultraderecha supo explotar presentándose como una fuerza antisistema.

El proyecto del clan Bolsonaro —una familia con rasgos mafiosos, originalmente vinculada a sectores de milicias criminales en Río de Janeiro— se basa en una alianza entre los sectores más ultraliberales y antidemocráticos de la agroindustria, la banca y los fondos financieros, las grandes empresas, los industriales y las corrientes religiosas ultraconservadoras, reclutando a algunos miembros de los rangos inferiores de las Fuerzas Armadas y de la policía militarizada. Combina un programa económico de recortes drásticos a los derechos sociales, los derechos laborales, los derechos de las mujeres y los derechos LGBT+, con una ofensiva contra las libertades democráticas y el medio ambiente, especialmente en los grandes biomas de la Amazonía y el Cerrado.

Lo que está en juego va mucho más allá de Brasil. Donald Trump, que intensifica su injerencia en Latinoamérica y ha logrado elegir aliados desde Centroamérica hasta el extremo sur, pretende encontrar en Flávio Bolsonaro un aliado de primer orden. La victoria del clan pone en peligro la soberanía del país más grande y estratégico de Latinoamérica y amenaza a toda la región.

Las reacciones iniciales de la mitad del país que no quiere el regreso de los Bolsonaro demuestran que la sociedad brasileña no se ha resignado. En los primeros días del mes, miles de estudiantes de secundaria y universitarios se manifestaron en ciudades grandes y medianas contra el fascismo. La campaña de Lula recuperó popularidad en las redes sociales. Líderes de movimientos de izquierda y parlamentarios, incluidos los electos del Partido Socialismo y Libertad y su militancia, están organizando brigadas para "cambiar votos" en calles y barrios, participando en mítines, marchas y llamando a quienes se abstuvieron para ahora votar por Lula.

La lucha del pueblo brasileño contra la extrema derecha, por los derechos sociales, las libertades y la independencia del imperialismo estadounidense, es también la nuestra. En este momento, para asegurar que no haya retroceso, para que los trabajadores, los jóvenes, los negros e indígenas y todos los brasileños oprimidos mantengan su derecho a luchar, a expresarse y a impedir la subyugación de Brasil a Washington, nuestra batalla es por la reelección de Lula.

¡El próximo día 25, Lula presidente!

12 de octubre de 2026

 

 

Buró Ejecutivo