“La resistencia de las mujeres contra las políticas asesinas de los imperialistas consiste en mantener la vida en marcha”

Esta contribución se realizó durante el panel: Antirracismo, feminismo y derechos civiles en la lucha contra el fascismo en la 1.ª Conferencia Internacional Antifascista por la Soberanía de los Pueblos, celebrada en Porto Alegre, Brasil, del 26 al 29 de marzo de 2026.

Desde principios de este siglo, hemos visto el auge de fuerzas teocráticas, autoritarias y de extrema derecha que se están radicalizando hacia el fascismo, si no es que ya lo son.

Esto supone un peligro para todo el planeta: hemos sido testigos de las guerras desatadas por Rusia en Ucrania mediante su invasión imperialista; la guerra genocida de Israel contra el pueblo palestino, que aunque se ha intensificado desde octubre de 2023, lleva décadas en curso; la guerra en Sudán; la guerra librada conjuntamente por Estados Unidos e Israel contra Irán y Líbano que también está causando una gran pérdida de vidas entre la población, y han llegado incluso a atacar escuelas; hemos visto las acciones belicosas y las amenazas de Trump en Venezuela, contra Cuba, contra Groenlandia, y su guerra contra su propio pueblo y las y los migrantes.

Esta extrema derecha se caracteriza abiertamente por su racismo, pero también por su sexismo; no se trata de esferas o ideologías separadas, sino que son intrínsecas a la ideología de la extrema derecha.

Estas fuerzas gubernamentales están introduciendo un cambio profundo y sistémico en el tratamiento de las cuestiones de género, situando la regulación del cuerpo de las mujeres y la familia heteronormativa en el centro de sus agendas nacionales, basándose en algunos principios comunes:

• Que las mujeres deben dedicarse a la familia y no ocupar puestos de liderazgo en la sociedad.

Que la maternidad es un deber para con la nación, y no una opción.

• Que los valores nacionales” implican excluir a quienes representan al otro, como les inmigrantes, les musulmanes y las personas racializadas, o las ideas que se perciben como provenientes de otros lugares.

Fundamentalmente, la extrema derecha está desarrollando un proyecto y una ideología que se opone al género como construcción social y cultural del individuo, como libre determinación de la identidad de género y como reconocimiento de la socialización de género. Aboga por la naturalización del género y se opone a toda libertad en este ámbito, llegando incluso a lanzar un ataque frontal contra las ciencias sociales y la investigación, al tiempo que recurre a la transfobia política y al antifeminismo.

Esto se pone en práctica en políticas gubernamentales que restringen el derecho al aborto; por ejemplo: la anulación de Roe vs. Wade en Estados Unidos, el recorte de cualquier forma de ayuda exterior que pudiera financiar el aborto, o políticas profamilia como las de la Hungría de Víctor Obrabán o la Italia de Giorgia Meloni (privilegios para madres de familias numerosas) y, por supuesto, políticas anti-LGBTQI.

Al mismo tiempo, están implementando políticas sociales en materia de salarios, seguridad laboral y servicios públicos, que socavan la capacidad de las personas para vivir dignamente, criar familias con acceso a la salud, la educación, la vivienda

Por el contrario, un grupo diverso que incluye partidos políticos nacionalistas de derecha, los neoliberales, afirma defender los derechos de las mujeres. Esta explotación y cooptación de temas feministas por parte de campañas antiislámicas y xenófobas es denominada "femonacionalismo" por nosotras, las teóricas feministas. Demuestran, particularmente en el contexto europeo, que al presentar a los hombres musulmanes como una amenaza para las sociedades occidentales y como opresores de las mujeres, y al enfatizar la necesidad de salvar a las mujeres musulmanas y migrantes, estos grupos utilizan la igualdad de género para justificar su retórica y políticas racistas, así como las intervenciones imperialistas en Afganistán e Irán. Esta práctica también cumple una función económica. Las políticas neoliberales de integración cívica y los grupos feministas canalizan a las mujeres musulmanas y migrantes no occidentales hacia los sectores doméstico y de cuidados, que están caracterizados por la segregación, mientras afirman promover su emancipación.

Los vínculos entre el racismo, el feminismo y la forma en que las mujeres no occidentales son explotadas con diversos fines políticos y económicos son evidentes.

Están librando guerras asesinas que matan a cientos de miles de personas, incluidos niños, y devastan áreas inmensas en países como Ucrania y Palestina, además de explotar los recursos nacionales, apoderándose de los territorios y los recursos hídricos de los pueblos indígenas para construir proyectos derrochadores, como centros de datos para TikTok, tal como pude comprobar en mi reciente visita al pueblo Anacé en Ceará.

En este contexto, la resistencia de las mujeres contra las políticas asesinas de los imperialistas consiste en mantener la vida en marcha, en organizar la vida cotidiana en sus comunidades.

Pienso en las maestras ucranianas que dan clase en búnkeres subterráneos para proteger a sus alumnos de los ataques rusos, cuando hay electricidad para iluminar. Que no pueden dejar que los niños suban al comedor a comer cuando hay alerta de ataque aéreo. Las mujeres que se organizan para apoyar a las familias desplazadas por la guerra, a las familias con soldados muertos o heridos, y a las mujeres que son ellas mismas soldados en primera línea luchando contra la invasión imperialista rusa cuyo objetivo es eliminar la existencia de Ucrania como nación soberana. Y al mismo tiempo, se oponen a las políticas neoliberales y antiobreras de su propio gobierno.

En Palestina, tras la devastación de la guerra genocida, las mujeres siguen cuidando de sus familias y entre sí. La vida continúa, incluso la llegada de nuevos bebés: nacen en condiciones terribles, sin agua, sin comida y sin atención médica.

Las mujeres de Minneapolis en Estados Unidos han estado a la vanguardia en la organización de la solidaridad vecinal contra las redadas del ICE: operaciones de vigilancia para advertir sobre las redadas que se aproximan y llevar comida a las familias demasiado asustadas para salir de sus casas.

En Irán, el movimiento de mujeres de 2022 por los derechos básicos y contra el uso obligatorio del hiyab fue una continuación y un impulso a la lucha constante del pueblo iraní contra su régimen, que ha sido reprimido de forma tan sangrienta.

En países de todo el mundo, las mujeres se organizan de forma combativa en apoyo de todos los derechos de las mujeres, sabiendo que es defendiendo los derechos de las más explotadas y oprimidas por ejemplo, las minorías racializadas y étnicascomo realmente defendemos los derechos de todas las mujeres, y como mujeres organizadas para liderar esa lucha, tenemos un papel estratégico que desempeñar en la resistencia.

Y que debemos aprender unas de otras a nivel internacional para comprender el significado profundo de nuestras reivindicaciones fundamentales, como el derecho de las mujeres a controlar sus propios cuerpos, que plantea interrogantes diferentes y específicos en distintos países y culturas. Y saber que la victoria de las mujeres en un país es una victoria que fortalece la lucha de todas nosotras.

Estos procesos de reproducción social son cruciales para la continuidad de la sociedad humana y, en su gran mayoría, son llevados a cabo por mujeres. Los actos cotidianos de perpetuar la vida, tanto individualmente como en sociedad, constituyen también actos diarios de resistencia contra las fuerzas fascistas e imperialistas que pretenden determinar quién tiene derecho a vivir y a morir, y quién tiene derecho a vivir en qué territorio.

Las mujeres tienen mucho que perder con el ascenso de las fuerzas de extrema derecha, autoritarias, teocráticas y fascistas en todo el mundo. Por lo tanto, la lucha antifascista y antiimperialista es crucial para las mujeres.

Pero la resistencia de las mujeres en todas sus formas en conferencias, en marchas, luchando con las armas en la mano cuando sea necesario, pero sobre todo para garantizar que la vida humana y la sociedad continúen, también es crucial.

La catástrofe ecológica, así como los fascistas e imperialistas, representan amenazas existenciales; debemos derrotarlas a ambas. Si la sociedad humana deja de existir, no podremos construir el socialismo.

Como dicen nuestras hermanas iraníes: Mujer, vida, libertad - jin, jîyan, azadî.

29 de marzo de 2026

Penelope Duggan