Contra el autoritarismo neofascista y todas las formas de imperialismo

Declaración de la Cuarta Internacional en la 1ª Conferencia Internacional Antifascista por la Soberanía de los Pueblos

La Cuarta Internacional ha contribuido, desde el principio, al desarrollo de la Conferencia Antifascista por la Soberanía de los Pueblos. Se trata de una iniciativa muy importante para las luchas en curso. Sin embargo, deseamos contribuir al debate exponiendo nuestras propias posiciones, en particular nuestra visión del imperialismo y lo que está en juego en el mundo actual. También estamos organizando una conferencia para presentar nuestro Manifiesto por una Revolución Ecosocialista. El evento tendrá lugar el 28 de marzo a las 8:30h en el Centro de Eventos Barros Cassal (R. Dr. Barros Cassal, 220B – Floresta, Porto Alegre).

¡UNIR LA LUCHA ANTIFASCISTA EN TODA AMÉRICA LATINA!
¡POR UN FRENTE ANTIFASCISTA Y ANTIIMPERIALISTA GLOBAL!

El segundo mandato de Donald Trump, con su agenda de extrema derecha, ha provocado un giro en la situación internacional. En su afán de reafirmar una hegemonía tan debilitada como su economía, pisotea la Carta de las Naciones Unidas y la soberanía de los pueblos con una política exterior de recolonización y guerra.

Junto con su socio en las masacres, Netanyahu, Trump bombardea Irán para asegurar el dominio total del mercado del petróleo y el gas. Esto viene después del genocidio del pueblo de Gaza, la invasión de Venezuela, el intento de estrangular a Cuba y las amenazas de anexar Groenlandia.

El tirano intenta normalizar el lenguaje genocida, el chantaje y el intervencionismo, así como el racismo, la misoginia y el odio a las personas que migran — intentando expulsar a millones de trabajadores de Estados Unidos. Apoya a Bolsonaro, Milei, Bukele y a los partidos europeos “patrióticos” (entiéndase: de extrema derecha).

El sangriento autoritarismo es el instrumento central del imperialismo en nuestros tiempos, porque necesita imponer políticas de hambre, la proliferación de tecnologías y prácticas ecocidas, el poder excesivo de las Big Tech, el despojo de recursos naturales y energéticos de todos los pueblos y el aumento del gasto militar. Si no es derrotado, el imperialismo yanqui emprenderá una marcha ciega hacia el desastre ecológico.

Los pueblos de Estados Unidos, Argentina e India muestran el camino

Pero la marcha del imperialismo ya está comenzando a encontrar obstáculos tremendos. La lucha victoriosa del pueblo de Minneapolis/Saint Paul y de toda la resistencia comunitaria y popular en Estados Unidos contra la persecución de los migrantes señala el camino para derrotar a la extrema derecha. Solo la combinación de la lucha internacional de los pueblos con una derrota de Trump en su propio terreno puede detener su proyecto conjunto.

Lo mismo ocurre con las clases trabajadoras de Argentina contra Milei y los campesinos de India contra las políticas de Modi. En Argentina, Milei enfrentó la cuarta huelga general, ahora contra la reforma laboral, en un ejemplo de lucha unificada que tiene a la izquierda como uno de sus pilares, con el 90% de la población opuesta a esta medida. En Brasil, la victoria de la resistencia indígena en contra de Cargill y la privatización de los grandes ríoss de la Amazona nos alumbra el camino adelante a seguir, con esperanza.

¡Un frente unido de los explotados y oprimidos!

Existe una necesidad urgente de un frente unido de los explotados y oprimidos, libre de subordinación a gobiernos y partidos, capaz de actuar con plena independencia para enfrentar las nuevas caras del fascismo con movilización y coordinación entre los oprimidos.

Esta 1ª Conferencia Internacional Antifascista por la Soberanía de los Pueblos es una oportunidad extraordinaria para desplegar a lo largo del globo, comenzando por el continente americano, una fuerte acción unitaria de las fuerzas aquí presentes contra el imperialismo hegemónico. Nuevas conferencias y reuniones deben celebrarse en otros continentes y en otras grandes regiones: Estados Unidos, Europa, África, Asia. Hagamos de esta conferencia un modesto pero sólido punto de partida para una campaña internacional que sirva las luchas y a la misma vez la construcción de un programa alternativo al que nos presenta los representantes del gran capital.

La extrema derecha crece presentándose como una alternativa radical al statu quo, a sus élites y a sus partidos. Sabemos que lo hace demagógicamente para defender el sistema que dice desafiar, pero hay una lección clave aquí: para crecer, la resistencia también debe ser una alternativa radical a la crisis del sistema prevaleciente, sus políticas de hambre y represión, sus instituciones desgastadas y sus partidos.

La crisis de la civilización capitalista (económica, política, ecológica, climática) plantea la posibilidad y la necesidad de vincular las preocupaciones inmediatas, incluida la lucha antifascista, con la necesidad de superar el capitalismo. Se necesita un conjunto de demandas que, partiendo de las preocupaciones populares más urgentes, conduzca al cuestionamiento del control privado de la producción y a la comprensión de la necesidad de colocarlo bajo el control democrático de los trabajadores y sus comunidades.

Sin ilusiones en los "modelos" capitalistas

La estrategia de seguridad nacional de Trump afirma: “La influencia desproporcionada de las naciones más grandes, más ricas y más fuertes es una verdad inmemorial de las relaciones internacionales.” Es, sencillamente, una invitación a dividir el mundo entre los más poderosos.

No hay lugar para ilusiones aquí. Ni la Unión Europea o sus componentes, ni los gobiernos de Rusia o China representan una alternativa o un muro de defensa contra el imperialismo estadounidense — tal y como sus estériles acciones frente a los ataques de EE.UU. contra Venezuela, Cuba e Irán nos han demostrado.

China se ha convertido en una potencia capitalista más interesada en consolidar sus negocios y sus propias áreas de influencia militar (en Asia) y económica (Eurasia, África y América Latina). De naturaleza más regional, la Rusia de Putin busca restablecer lo que fue el imperio zarista, con una economía militarizada y un régimen cada vez más autoritario. En este contexto de pugnas entre poderes nuevos y viejos, la tarea de la izquierda no puede ser celebrar la multipolaridad que resulta de la confrontación entre proyectos capitalistas.

¡Solidaridad con los oprimidos del mundo!

A la supuesta “verdad inmemorial” de Trump sobre la dominación de los poderosos, oponemos tres orientaciones: la defensa del derecho de todos los pueblos a la autodeterminación, la solidaridad con los explotados y oprimidos en todos los países y, por lo tanto, la oposición a todas las formas de imperialismo.

Rechazamos la agresión de Estados Unidos contra Venezuela y el secuestro de su presidente y ex diputada, y también rechazamos la agresión de la Federación Rusa contra Ucrania. Reconocemos el derecho de Venezuela, Cuba, Irán y de cualquier país atacado por Estados Unidos a defenderse, incluso militarmente, y a buscar los medios materiales necesarios para esa resistencia dondequiera que puedan encontrarlos, y reconocemos el mismo derecho para Ucrania, que está bajo ataque del imperialismo ruso.

Denunciamos y combatimos las políticas antiinmigrantes, xenófobas e islamófobas en Estados Unidos y Europa Occidental. Adoptamos la misma posición frente a la represión del gobierno chino contra diversos pueblos y grupos étnicos.

Repudiamos la persecución, represión y censura en Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y otros países de las protestas contra el genocidio en Palestina, y también denunciamos la represión y el encarcelamiento en Rusia de los opositores a la guerra de agresión contra Ucrania.

No apoyamos al gobierno de Maduro. Denunciamos sus acciones antidemocráticas y antiobreras. Pero ninguna acción censurable del gobierno de Maduro puede validar la agresión de Estados Unidos contra Venezuela. Por lo tanto, exigimos la retirada de EE.UU. de Venezuela y la liberación de la ex diputada Cilia y del presidente Maduro.

Proponemos la disolución de la OTAN, así como de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva. No apoyamos al gobierno de Zelensky en Ucrania. Denunciamos sus políticas antiobrero, corruptas, antidemorcáticas, y chauvinistas. Pero ninguna poltica questionable de ese gobierno justifica la invasión rusa y el bombardeo. Por eso organizamos nuestra solidaridad con el pueblo ucraniano.

Rechazar la intervención, apoyar las luchas

Los gobiernos burgueses se niegan a reconocer que las movilizaciones populares en su contra son resultado de profundas contradicciones sociales. Típicamente, las atribuyen a la acción de “agentes” internos o externos. No podemos aceptar esta concepción conspirativa de la historia. Sin duda, el imperialismo y sus agencias intentan aprovechar las luchas, como la del pueblo iraní contra la teocracia autoritaria, pero eso no reduce esas luchas a una operación del imperialismo. Debemos oponernos a dicha intervención, mientras continuamos apoyando esas luchas.

Predicarle a la gente que deben de aceptar dictaduras opresivas y maltratantes como el “mal menor” convierte a los que lo hacen en promotores de la resignación y la sumisión. El pueblo oprimido tendrá muy poco interés en un antiimperialismo o un análisis geopolítico que excluya sus demandas democráticas y económicas. Nos toca asegurarnos que los pueblos activistas vean nuestro antiimperialismo como aliado o, trágicamente, buscarán albergue y apoyo en el campo de mismo imperialismo que pretende explotarlos.

Demandas universales de la clase trabajadora

Históricamente, el imperialismo de EE.UU. y la OTAN ha actuado en nombre de la libertad, la democracia, etc. La izquierda no se deja engañar por estas proclamaciones. Pero debemos ser consecuentes. Lo mismo vale para los imperialismos rivales: debemos explicar cómo, en nombre de la multipolaridad, la anti-hegemonía, el rechazo al modelo hipócrita de la democracia occidental y el eurocentrismo, se intenta justificar la negación de derechos democráticos a la clase trabajadora, las mujeres, las minorías religiosas y las personas LGBTTQI+.

De cara al relativismo cultural, ajustado a los gobiernos autoritarios (en Rusia y China, entre otros), afirmamos que los derechos de la clase trabajadora, los derechos de las mujeres, el derecho a la libre expresión, a la asamblea y a la asociación, y a la elección y residenciamiento de líderes no son “valores occidentales” o “modelos liberales” o ideas eurocntricas que el imperialismo busca imponer. Son demandas históricas de la clase trabajadora internacional. Por eso las defendemos a través del mundo en todos los pases, sin excepción.

Rechazamos el chantaje de que toda crítica o demanda hecha a gobiernos progresistas, o que se proclaman progresistas, es destructiva y favorable al imperialismo. Lo que debilita la lucha no es la crítica y el debate, sino su supresión.

La hipocresía de Occidente y un antiimperialismo consecuente

Conocemos la hipocresía del imperialismo occidental cuando denuncia la represión en Irán o la invasión de Ucrania. ¿Qué autoridad moral pueden reclamar los cómplices del genocidio en Gaza? ¿Qué respeto pueden merecer quienes acaban de secuestrar al presidente de Venezuela? Pero denunciar la hipocresía de Occidente y sus crímenes no puede convertirse en nuestro silencio sobre los abusos de los gobiernos de Putin o Xi Jinping, ni en la idea de que estos abusos son “invenciones del imperialismo”.

No nos oponemos a los dobles estándares del imperialismo occidental con otro doble estándar, sino el rechazo a todos los que explotan y oprimen.

Hoy más que nunca debemos practicar el internacionalismo consecuente, una solidaridad sin fronteras que abarque la lucha trabajadora, la lucha del oprimido, y la lucha por la autodeterminación de los pueblos, sin excepción. La lucha en un país no se subordina a la de otro. Es la política que corresponde al eslogan «¡Trabajadores del mundo, uníos!»

¡POR LA SOLIDARIDAD SIN FRONTERAS!

¡POR EL INTERNACIONALISMO SIN EXCEPCIONES!

Cuarta Internacional