Esta es la primera parte de un informe sobre el imperialismo presentado en la reunión del Comité Internacional de la Cuarta Internacional celebrada en febrero de 2026
En tiempos de Trump, de competencia con una China ascendente y de guerra de Rusia contra Ucrania, resulta útil recuperar el concepto de imperialismo, el que figuras a veces hasta progresistas insisten en despreciar, particularmente en los países… imperialistas. La idea aquí es recordar su origen y algunas de las controversias y debates importantes en torno al fenómeno económico-político y militar, para que estemos en la misma página conceptual. Entender de qué hablamos nos sirve para encarar las discusiones actuales en este momento de grandes sacudidas que vive el sistema internacional: por qué el giro belicista y neocolonial de Estados Unidos; cuál es el grado de radicalidad de los cambios en el imperialismo hegemónico, con la extrema derecha en el poder en la Casa Blanca; cuál es el papel y la caracterización de China y Rusia en este momento. (Ver, sobre China y Rusia, el artículo de Peter Drucker: Los enfrentamientos interimperialistas y sus límites.)
La naturaleza internacional y planetaria de la expansión capitalista fue señalada de manera explícita y temprana en el Manifiesto Comunista, de 1848. En El Capital, al analizar el modelo capitalista inglés para comprender el funcionamiento y las reglas generales del sistema en su conjunto, Marx cita con frecuencia el comercio exterior como elemento internacional. Pero es en el famoso capítulo 24 del Tomo I donde se encuentra la gran pista: cuando trata de la acumulación primitiva, u originaria, o mejor aún, en inglés, de la previous accumulation, recuerda que, al igual que en los cercamientos ocurridos en Europa (con la expropiación de los campesinos), los supuestos descubrimientos de las Américas y de las tierras de Asia —es decir, la invasión por los europeos de los territorios del actual Sur Global— fueron esenciales para la acumulación y la industrialización de los centros europeos y, posteriormente, de Estados Unidos. Marx todavía estaba lejos de hablar de imperialismo. No vivió para verlo maduro, con todos sus elementos.
El imperialismo como un nuevo (en aquel momento) modo de funcionamiento esencial para el desarrollo capitalista comienza a perfilarse en el último cuarto del siglo XIX, cuando cambios esenciales se vuelven absolutamente visibles en el sistema. En 1880, en la Conferencia de Berlín, las potencias europeas acuerdan repartirse África entre sí. En la década de 1870 ocurre una gran crisis económica europea y, a partir de finales de la década de 1890, con Engels aún vivo en la II Internacional, comienza un gran debate sobre la nueva situación del capitalismo, en especial debido a su evidente expansión internacional, al ascenso en Europa del capitalismo alemán, al colonialismo reforzado por nuevos y más violentos métodos de expropiación de la riqueza de los colonizados, además de los tambores de guerra entre los países imperialistas.
El debate europeo
No hay manera de sintetizar aquí la amplitud y profundidad de las elaboraciones, debates y aportes producidos por aquella generación de socialistas europeos. Contribuyeron a la idea marxista de imperialismo en especial el inglés John A. Hobson, el economista político austríaco Rudolf Hilferding —ambos con obras esenciales para la comprensión del predominio de las finanzas sobre la economía capitalista—, los dirigentes alemanes Karl Kautsky y Rosa Luxemburgo —en lados opuestos de la polémica concreta en torno a la política socialdemócrata frente a la guerra—; los "rusos" Bujarin, Lenin, Parvus, y colateralmente Trotsky, con su idea de "desarrollo desigual y combinado".
El estallido de la guerra, en 1914, había calentado cualitativamente el debate ya en curso. Kautsky, considerado entonces el principal dirigente del Partido Socialdemócrata alemán, el mayor partido de la II Internacional, conduce la desastrosa política nacionalista (es decir, antiinternacionalista) de apoyo de hecho al imperialismo alemán, con la aprobación por la bancada socialdemócrata, en el parlamento, de los créditos de guerra. En ese mismo año de 1914, Kautsky publica el texto en el que apuesta a la posibilidad de que el capitalismo pudiera evitar la guerra si todas las potencias imperialistas se unieran para tal fin, como un cartel entre empresas. Él no bautiza el concepto, pero su comprensión equivocada recibe el nombre de ultra o hiperimperialismo.
Lenin se opone a Kautsky en los terrenos de la teoría y de la política, reafirmando que la tendencia de la nueva configuración capitalista conducía, entre otros elementos, a las guerras entre potencias. El imperialismo, fase superior del capitalismo, de 1916, escrita ya en medio de los combates, es resultado de una discusión colectiva. Lenin sintetiza brillantemente el debate, tiene contribuciones propias, pero siempre en diálogo y apropiándose, en el buen sentido, de elementos de textos anteriores, como El imperialismo, un estudio, de Hobson (1902), El capital financiero, de Hilferding (1910), y El imperialismo y la economía mundial, de Bujarin (1915, finalizado en 1917).
Obsérvese que la idea leninista es de una época, de un nuevo modo de funcionamiento del capitalismo. Él no está hablando de un fenómeno específico de invasiones y expolio, aunque esos vectores sean constitutivos del fenómeno.
• Primero, es la época del predominio sistémico de la asociación entre el capital bancario y el capital industrial, es decir, la era del capital financiero.
• Segundo, la tendencia creciente a la oligopolización o monopolización del capital, es decir, el fin de la libre competencia. Esto no existe: la competencia pasa a darse entre grandes grupos que dominan los sectores y, a veces, toda una economía nacional.
• Tercero, la diferencia cada vez mayor entre el desarrollo de los países industrializados imperialistas de Europa y de Estados Unidos, que iniciaban su segunda Revolución Industrial, y el de los rincones dedicados a la producción primaria o a una industrialización muy inicial.
• Cuarto, la tendencia de las naciones industrializadas, por necesidad de sus capitales, a extender su poder político, militar y económico sobre las demás naciones, en particular las más atrasadas en el desarrollo industrial y más pobres.
• Quinto, la creciente rivalidad entre los imperialismos y la tendencia hacia las guerras interimperialistas.
Imperialismo en mutación
Esta expresión avanzada del capitalismo asume muchas formas diferentes a lo largo de la historia:
• El período de las Guerras, es decir, el período entre 1914 y 1946, en el cual una parte importante de las fuerzas productivas de la humanidad fue destruida.
• Los "30 años gloriosos", tras la Segunda Guerra, en los que Estados Unidos se reafirma como el imperialismo hegemónico en lugar del pionero Imperio Británico. Las potencias de la época hacen un acuerdo en torno a las reglas de funcionamiento del sistema internacional, con el patrón-oro para el dólar, el FMI, con la ONU y todos sus brazos. Es también un período de gran desarrollo económico de la Unión Soviética y su bloque, de la revolución china, del movimiento de descolonización de Asia y África.
En América Latina y en Oriente, los nacionalismos burgueses con bases de masas, con Nasser, Gaddafi, el partido Baath de Irak y de Siria; en América Latina, Perón, Vargas en Brasil, Velasco Alvarado en Perú. Es la época de la revolución cubana y de los levantamientos del 68, que desde Francia se reprodujeron por Europa y por Estados Unidos, contra la guerra contrarrevolucionaria en Vietnam, con repercusiones en el entonces "tercer mundo".
• El período transitorio turbulento de los años 70. Las crisis de los años 70 son expresiones directas o indirectas de las tasas de ganancia insuficientes y de la tendencia a la caída de la tasa de acumulación. En 1971 hay el abandono unilateral del patrón-oro por parte de EE. UU.; en 1973, la crisis del petróleo; el inicio de la restauración capitalista en China con los acuerdos entre China y Estados Unidos.
Aportes de la periferia
Durante todo el período que va desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta los años 70, se dan muchos debates sobre el imperialismo, porque hay un colosal ascenso anticolonialista en el mundo, del cual forman parte la revolución cubana, la descolonización en África, la revolución y la guerra antiimperialista de Vietnam, las revoluciones nicaragüense y salvadoreña en Centroamérica. De estas luchas surgirán muchas contribuciones del Sur Global. Vamos a citar dos fundamentales.
Como resultado del período anterior, ocurren en la llamada periferia del sistema el desarrollo de determinados países que no llegan exactamente al centro, pero dejan de ser solo periféricos. Mandel participa de esa discusión y los llama países de industrialización tardía. Wallerstein, de la corriente que reivindica a Marx, Weber y Braudel, los llama semiperiféricos. Y de la teoría marxista de la dependencia latinoamericana – que es el ala izquierda de los estructuralistas desarrollistas de la Cepal (Comisión Económica para América Latina), más exactamente de Ruy Mauro Marini – viene la idea de subimperialismo. En el contexto de los cambios en la división internacional del trabajo en la posguerra, Marini estudia el fenómeno de países dependientes "medios" que combinan (a) un grado de superexplotación de la mano de obra y desigualdad que limitan la realización del valor en las fronteras nacionales; (b) lo anterior los obliga a desplazar gran parte de la producción industrial hacia las exportaciones, al mismo tiempo que pasan a (c) extraer ganancias e influir geopolíticamente sobre países más frágiles en sus regiones, (d) sin dejar de transferir riqueza y subordinarse políticamente al imperialismo hegemónico. Son países que se comportan como imperialistas en sus regiones, pero están subordinados a un imperialismo más fuerte. (Concepto del cual Patrick Bond abusa un poco, al caracterizar como subimperialista a Rusia, por ejemplo, y dar demasiada importancia geopolítica a los "subimperialistas" de los BRICs, grupo heterogéneo que, además de incluir el imperialismo regional ruso, tiene a China, hoy completamente despegada de los países "de renta media").
El segundo aporte es de la corriente conocida como de la "transición hegemónica", de Giovanni Arrighi. Arrighi se vale de la obra y concepción de Wallerstein, heredada de Braudel, en torno a los ciclos hegemónicos de la evolución capitalista (ciudades italianas en el siglo XV, Holanda en los siglos XVI y XVII, Inglaterra a partir del XVIII y Estados Unidos a partir del XX) para apuntar de forma pionera hacia el despertar de un ciclo capitalista chino. ¡Su Adam Smith en Pekín es de 2007!
Hay una tercera e importante corriente de pensamiento, en ese período, que reivindica el marxismo pero no se originó en la "periferia del sistema", que es la surgida en los años 50 en torno al ruso-polaco naturalizado estadounidense Paul A. Baran, al economista Paul Sweezy y al historiador Leo Huberman, de la revista Monthly Review. El concepto del grupo, de capital monopólico (o de período monopólico del capital a partir de aquellos años), ya en los años 60, atrae la adhesión del entonces joven investigador y militante egipcio Samir Amin, maoísta, tercermundista, con influencia intelectual y militante sobre sectores de la izquierda de África, Asia y América Latina. Amin es reivindicado hasta hoy por la "Tricontinental" y por la izquierda campista en general, por su política anticolonial frentepopulista de reedición del movimiento de países no alineados nacido en la histórica Conferencia de Bandung (Indonesia, 1956).
El período neoliberal
Volviendo a la periodización: con las victorias de Thatcher en 1979 y Reagan en 1980, se inicia el período de plena ejecución del régimen neoliberal en todo el mundo. Ese nuevo modo de funcionamiento del sistema capitalista-imperialista será caracterizado, con base en el salto tecnológico de la digitalización, por una globalización de las finanzas, es decir, la desregulación de las finanzas nacionales en favor de un sistema financiero verdaderamente internacional, la implantación de cadenas globales de producción, la reestructuración productiva, con recorte de derechos, el colapso del estado de bienestar, ataques a los sindicatos, desplazamiento de la industria hacia Asia.
Fue ese régimen el que estuvo al borde del colapso en 2008, con la crisis de las hipotecas ‘subprime’ en Estados Unidos y la recesión que se siguió. Al aumento de la desigualdad global, de la pobreza incluso entre los llamados ricos, entre los países centrales y los no centrales, con el avance acelerado de la crisis ambiental, se sumó el agravamiento de la crisis económica estructural. 2008 abrirá un gran período de recesión del sistema, que China logra sortear. Los rescates de billones de dólares por parte de los Estados a bancos y empresas logran estancar la crisis momentáneamente, pero no la recuperación de los patrones neoliberales de ganancia y acumulación. La pandemia vuelve la recuperación más difícil.
Crecimiento de los neofascismos
En este intervalo entre 2007-2008 y 2016, se observan las primeras señales de fortalecimiento y avance de grupos y movimientos de extrema derecha en Occidente y en Oriente: hay un avance del fenómeno a partir de 2008, porque hay una relación entre la crisis del neoliberalismo y las extremas derechas —neo o posfascistas— en el mundo. Sectores crecientes de las burguesías imperialistas y periféricas abrazan una nueva estrategia política que abandona la democracia burguesa como modelo político y apunta hacia el autoritarismo. El hecho de que atraigan a sectores de las masas también tiene que ver con el fracaso de las experiencias de izquierda que se dispusieron a coadministrar el juego democrático neoliberal, como la socialdemocracia europea y los progresismos latinoamericanos. De cualquier modo, el proyecto neofascista o posfascista es una búsqueda para salir de la crisis por medio de la violencia, la represión, la exclusión, el desapropiamiento y el descarte de seres humanos.
¿El bienio 2024-2025 es un nuevo parteaguas en la era imperialista?
La respuesta me parece positiva. La extrema derecha yanqui llega al poder por segunda vez en la potencia hegemónica, mucho más fuerte que en 2016: tiene una diferencia electoral mayor frente a los adversarios, controla por ahora el Congreso y cuenta con la mayoría conservadora en la Corte Suprema. Es un cambio muy importante para la correlación de fuerzas y para la geopolítica mundial. El bloque en el poder actualmente en EE. UU. (la coalición de Big Techs, criptofinanzas, industrias obsoletas —como la petrolera—, agroindustria, nacionalismos cristianos tradicionalistas) busca también destruir el régimen democrático de su propio país, volver fascistas a los Estados Unidos.
(Incluso en abril de 2026, con la oposición a su gestión en alza en las calles y organizaciones de todo tipo en la sociedad civil estadounidense e índices récord de desaprobación, con la guerra desencadenada contra Irán, más del 30% de la población todavía apoya a Trump. Ante la probabilidad de perder, en noviembre, el control al menos de la Cámara de Representantes, el trumpismo apuesta a manipular el proceso electoral, estado por estado. ¿Lo conseguirá?)
En el terreno global, no es una marca cualquiera que la administración Trump haya sido la principal apoyadora del genocidio palestino en Gaza. Sectores crecientes dentro de EE. UU., entre los cuales antiguos apoyadores del presidente en el MAGA, señalan el "error" de Trump al apoyar la saña expansionista de Netanyahu en Irán y en el Líbano, con el costo de comprometer el "buen funcionamiento" (ganancias) de la economía mundial.
Estados Unidos ya había vuelto a dar ejemplos del significado de su "Estrategia de Seguridad Nacional" el 3 de enero, con el secuestro de la pareja presidencial venezolana, que en verdad es la "toma" del gobierno de Venezuela y su transformación en colonia. Continúan el chantaje arancelario a la UE para supuestamente "comprar" Groenlandia y aumentar los gastos militares, las amenazas a Canadá y la constitución unilateral de un supuesto "Consejo de Paz", presidido vitaliciamente por Trump, para la también supuestamente reconstrucción de Gaza.
El cuadro es de una ruptura significativa con el abordaje imperial de los últimos 80 años. El objetivo es recuperar la hegemonía de la posguerra por la fuerza; mantiene a China como adversario estratégico en los ámbitos tecnológico, económico y militar; omite a Rusia, en una maniobra; de hecho, rompe la alianza con Europa de los últimos 80 años e incorpora abiertamente a Canadá y América Latina a su "territorio".
La ofensiva de Estados Unidos es resultado del declive de su hegemonía en las casi tres décadas del siglo. Expresa la desesperación del capital yanqui por encontrar una salida que frene esa caída. Ante el auge de China, la proyección y la autonomía incontrolable de Rusia, la situación igualmente inédita para EE. UU. en América Latina y en África —donde China entró económicamente con fuerza—, esos sectores apoyaron a Trump para un giro neocolonialista agresivo.
Hubo un cambio cualitativo en la beligerancia, en la violencia y en la naturaleza abiertamente colonialista del imperialismo. Se trata del colonialismo sin disfraces de una potencia hegemónica que necesita desesperadamente encontrar formas de recuperar las tasas de acumulación (Husson) y de ganancia (Roberts) anteriores a 2008. Como dice Matveev, "el radicalismo de Trump es, en última instancia, [también] una respuesta, por más desconexa e irracional que sea, a los cambios globales impulsados en gran parte por China y, en menor grado, por Rusia".
Más explotación por expropiación, invasión, saqueo y pillaje están por venir, si el pueblo y los trabajadores de EE. UU. no lo frenan. Contradictoriamente, el objetivo es exactamente el mismo que Putin y Trump, juntos, tienen frente a las riquezas de Ucrania, y el que Trump, Israel y los califatos petroleros pretenden hacer con Palestina. Nada de lo anterior significa, sin embargo, que sea posible atribuir a los EE. UU. de Trump la caracterización kautskyana de "hiperimperialismo", como lo hacen sectores del campismo, incapaces de reconocer a China como potencia capitalista emergente y a Rusia como imperialismo regional.
La política de Trump, en la clave de Lenin, favorece el agravamiento de las rivalidades interimperialistas, particularmente con China, pero también con Rusia. Aunque el lenguaje y las acciones (como en el Caribe, en Venezuela y en Irán) sean político-militares, aunque vivamos señales significativas de una nueva carrera armamentista y nuclear, todavía es temprano para diagnosticar la situación internacional como una guerra global. El cambio brusco y violento en la forma político-económica del imperialismo hegemónico provocará grandes contradicciones interburguesas, problemas dentro de los Estados Unidos y entre naciones, además de reacciones populares que no podrán controlar.
El escenario frente a nosotros es extremadamente nuevo e incierto. Deja más preguntas que respuestas definitivas. ¿Vivimos una bipolaridad (EE. UU. vs. China), como afirman los compañeros de la APS brasileña, o más bien un mundo desarticulado/descoordinado, como dice Matveev? ¿Cuál es el grado de autonomía de Rusia con relación a China? ¿EE. UU. realmente logrará imponer una desconexión económica de China del mercado global? ¿Llegará a anexar territorios en el hemisferio occidental, como Groenlandia? ¿Sus arremetidas guerreras perjudicarán críticamente el papel del dólar como moneda de reserva? ¿Cómo cambiarán su presencia militar en regiones clave del mundo, como África, el Indo-Pacífico y el Ártico? Por ahora, solo podemos hacer conjeturas. Lo importante es que no serán solo las decisiones de Trump las que determinarán el resultado, sino también las reacciones nacionales y globales a ellas.
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Referencias:
Amin, Samir. L'impérialisme et le développement inégal. 1976.
Arrighi, G. Adam Smith en Pekín. 2007.
Bujarin, N. El imperialismo y la economía mundial. 1915-1917. Accesible en:
https://www.marxists.org/espanol/tematica/cuadernos-pyp/Cuadernos-PyP-21.pdf
Chesnais, F. La Mondialisation du capital, Syros, París, 1994 (edición de estreno), 1997 (edición ampliada).
Hilferding, R. Financial Capital (El capital financiero). Primera edición, 1910.
Hobson, J. Imperialism, A Study (El imperialismo, un estudio). Primera edición, 1902.
Kautsky, K. Imperialism (El imperialismo). Primera edición, 1914.
Lenin, V. I. Imperialismo, etapa avanzada del capitalismo. Primera edición, 1916. Accesible en:
https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1916/el-imperialismo.pdf
Luxemburgo, R. La acumulación del capital. Primera edición, 1913. Accesible en:
https://www.marxists.org/espanol/luxem/1913/1913-lal-acumulacion-del-capital.pdf
Marini, R. M. La acumulación capitalista mundial y el subimperialismo. 1977. Accesible en:
https://www.marxists.org/portugues/marini/1977/06/40.pdf
Marini, R. M. América Latina: dependencia e integración. 1992, São Paulo, Brasil Urgente. Caracas, Nueva Sociedad.
Marx, K. El Capital, Tomo I, capítulo 24. Accesible en:
https://www.marxists.org/espanol/m-e/1860s/eccx86s.htm
Wallerstein, I. The modern world-system I (1974) y II (1980).