
Esta resolución fue adoptada por el XVIII Congreso Mundial por 107 votos a favor, 12 en contra, 3 abstenciones y 9 votos en contra.
1. Por qué son estratégicamente importantes los movimientos sociales
Durante muchos años la Cuarta Internacional ha desarrollado una práctica –y en mayor o menor medida una comprensión teórica- de que los movimientos sociales, en toda su diversidad, pueden y a menudo desempeñarán un papel esencial en la lucha por el socialismo.
Existen multitud de movimientos sociales: por ejemplo, sindicatos, movimientos vecinales, campesinos y agricultores, ecologistas, movimientos de mujeres, movimientos LGBTI, movimientos indígenas, movimientos de personas racializadas, movimientos de discapacitades. Estos movimientos sociales suelen tener varias dimensiones: contra la explotación en el lugar de trabajo, por la defensa de los espacios vitales y de la vida, y por la liberación frente a las opresiones (en particular de las mujeres, las personas LGBTI, les indígenas, las personas racializadas y las personas con discapacidad). Nuestro planteamiento es apoyar estas múltiples dimensiones de las luchas, amplificarlas y aspirar a una confluencia explícita de los diferentes aspectos y terrenos de lucha hacia una confrontación global con las clases dominantes, que se basan en la explotación, la opresión y la destrucción de los espacios vitales y de la vida.
Estos movimientos son importantes porque constituyen la autoorganización de aquelles que desafían el sistema capitalista de diferentes maneras. El proceso de autoorganización, especialmente en los lugares de trabajo, pero también en otros contextos colectivos (instituciones educativas, barrios, comunidades rurales, etc., o sobre la base de una experiencia compartida de la opresión) promueve el desarrollo de una conciencia de clase frente a los desafíos del sistema capitalista, especialmente de los empleadores y del Estado, la politización y la elaboración de premisas de un programa de desafío al sistema capitalista y de la perspectiva de una sociedad diferente.
Mientras que un partido anticapitalista busca desarrollar un programa de lucha de clases como síntesis de las demandas en el mejor interés de les explotades y oprimides, el desarrollo y la formulación de estas demandas se formulan mejor por aquelles que están más directamente involucrades. Inicialmente desarrollamos este entendimiento en relación con nuestro trabajo en el movimiento de mujeres y este enfoque se encuentra primero en los textos que fueron adoptados durante varios congresos y reuniones de los órganos de dirección sobre la cuestión de la lucha por la liberación de las mujeres y nuestra orientación hacia la construcción de movimientos de liberación de las mujeres (La revolución socialista y la lucha por la liberación de la mujer (1979) Parte II, especialmente la segunda parte La Cuarta Internacional y la lucha por la liberación de las mujeres Nuestra perspectiva. América Latina: Dinámica de los movimientos de masas y corrientes feministas (1991) en particular la parte III: Nuestra orientación, e Europa Occidental: Las formas cambiantes de la lucha por la liberación de la mujer 1991). El primer texto expone, entre otras cosas, nuestras diferencias tanto con aquelles que, desde la izquierda, minimizan la opresión de las mujeres considerándolas únicamente como trabajadoras asalariadas, como con aquelles que ven el patriarcado y las relaciones de clases como procesos paralelos, lo que hoy llamaríamos teoría de los sistemas dobles.
Como sostiene el documento en respuesta a esta primera cuestión: «Desde este punto de vista, solo dan peso e importancia a las luchas que las mujeres llevan cabo como trabajadoras en su lugar de trabajo. Piensan que las mujeres serán liberadas, de paso, por la revolución socialista y que, por lo tanto, no tienen ninguna necesidad de organizarse como mujeres luchando por sus propias demandas. Al negar la necesidad de que las mujeres se organicen para luchar contra su opresión, solo refuerzan las divisiones dentro de la clase obrera y retrasan el desarrollo de la conciencia de clase entre las mujeres que comienzan a rebelarse contra su estado de inferioridad.»
La orientación principal de la segunda parte del documento puede resumirse en el lema «No hay liberación de las mujeres sin revolución socialista, no hay revolución socialista sin liberación de las mujeres». Nuestro análisis inicial, demasiado basado en nuestra experiencia del movimiento de mujeres en los países capitalistas avanzados, ha sido corregido y desarrollado especialmente con los trabajos sobre el movimiento de mujeres latinoamericano. La comprensión general de que las opresiones específicas no serán derrotadas simplemente por una lucha en el lugar de trabajo sin que la dirección activa de los movimientos de los oprimidos muestre el camino y subraye la realidad de las opresiones específicas es en general más pertinente.
En menor medida, pero no por ello menos importante, también hemos adoptado textos que han extraído lecciones de las luchas de los campesinos pobres y los jornaleros agrícolas, de los movimientos LGBTIQA+, de las luchas en torno a la deuda y los movimientos que suscitan, en torno a los movimientos antiglobalización y antibelicistas y en torno a los movimientos indígenas/Primeras Naciones y ecologistas, así como, por supuesto, sobre el papel que siguen desempeñando los sindicatos. Transformaciones sociales, resistencias y alternativas (2018).
i) Cada uno de estos movimientos y otros más tienen sus propias historias y dinámicas particulares y su actual relación de fuerzas sobre las que volveremos más adelante. Existen algunas diferencias importantes entre los movimientos sociales de las oprimidas y los movimientos sociales más en general. En este texto también pretendemos extraer algunos principios generales que consideramos importantes.
a) Los movimientos sociales son una forma clave de movilizar a sectores de las clases trabajadoras y populares, incluidos los más explotados, oprimidos y a menudo marginados, para el cambio social, incluso potencialmente como parte de un cambio revolucionario. Los movimientos socials son, ante todo, la forma elemental de organización para defenderse del sistema en cuestiones sociales, democráticas o discriminatorias. En esto pueden ser el marco de acción de los explotados, representar su fuerza social La gente entra en acción en torno a su propia situación política y luego, a través de esa experiencia, extrae lecciones políticas más generales.
Desde este punto de vista, el trabajo en los movimientos sociales puede y debe ser un área clave de reclutamiento en nuestras organizaciones hoy – y de formación de camaradas, en particular aquelles provenientes de grupos más marginados, al trabajo de masa.
Los movimientos sociales pueden influirse mutuamente: por ejemplo, las cuestiones climáticas se aceptan como parte de la agenda sindical en muchos lugares de una forma que no se aceptaba hace una década. Desempeñar un papel político de primer orden porque las movilizaciones resultantes son lugares de confrontación contra las políticas de los capitalistas y sus gobiernos, las situaciones de opresión o de explotación. Las crisis acumulativas sufridas en la actual situación ecológica, democrática y social refuerzan el lugar y el peso de los movimientos sociales.
b) Estos movimientos tienen una importancia estratégica para nosotres porque estas movilizaciones de las clases trabajadoras en torno a sus reivindicaciones son el caldo de cultivo de la lucha de clases y de la construcción de relaciones políticas de fuerzas contra el capitalismo. Son, por tanto, el crisol de las reivindicaciones anticapitalistas de transición.
c) Tienen también otra dimensión estratégica, que es la de ser el crisol de la autoorganización, de la toma de las riendas de sus propios intereses y de la acción política por les propies explotades y oprimides. En esto esbozan lo que una sociedad basada en una democracia de consejos, estructuras de autoorganización en los lugares de trabajo, en los barrios y en las ciudades.
Esto no significa que serán herramientas suficientes para lograr una democracia de consejos –lo que necesariamente implicará una organización revolucionaria– pero sí constituyen una condición previa esencial. Promovemos los principios de la Comuna de París (rotación de cargos, transparencia en la responsabilidad y democracia directa en la toma de decisiones) a los cuales añadimos la necesidad de recrear la cultura de la transmisión en vivo de todo proceso de negociación con los gobiernos y las autoridades con el objetivo de poner fin a la cultura antidemocrática del secreto.
Por eso luchamos para que guarden celosamente su carácter de independencia de los poderes fácticos e incluso de los partidos que dicen luchar contra el sistema. Las experiencias recientes de los gobiernos de Lula, Syriza, la Primavera Árabe, y muchas otras, muestran la importancia de que el movimiento de masas esté ahí para garantizar los intereses de las explotadas.
ii) Por lo tanto, buscamos defender la construcción de movimientos socials e intervenir dentro de ellos, luchando por reivindicaciones y formas de organización que lleven adelante una agenda que defienda los intereses de la clase trabajadora, luchando por que el movimiento en su conjunto adopte una perspectiva de lucha de clases. Nuestres militantes adoptan una actitud de escucha y aprendizaje de lo que hacen otres militantes en lugar de suponer que tenemos todas las respuestas.
iii) Luchamos por la democracia más amplia posible dentro de los movimientos sociales y esperamos garantizar que las más explotadas y oprimidas tengan voz para sus reivindicaciones y representación en la medida de lo posible. Esto significa que también luchamos por estructuras claras y procesos de delegación, argumentando contra la «tiranía de la falta de estructura» y la burocratización como la mejor manera de implicar activamente al máximo número de personas.
iv) A la vez que luchamos por la unidad más amplia del movimiento en su conjunto, a veces participamos -o incluso creamos- una organización/caucus/red de fuerzas más de izquierdas que desarrolle una intervención común dentro un movimiento sobre todas o algunas cuestiones clave. Es difícil codificar cuándo es apropiado, pero algunas de las circunstancias pertinentes serían cuando la dirección existente está burocratizada y no actúa y/o cuando existe el peligro de que fuerzas importantes (quizá especialmente entre las jóvenes) abandonen la actividad por falta de éxito. Otro contexto en el que podríamos organizarnos con otros es cuando el movimiento en su conjunto no está escuchando las demandas de sectores clave, como los indígenas/Primeras Naciones, los inmigrantes, los transexuales, etc. En tales situaciones, es importante que nuestra propia organización evalúe periódicamente si éste es el camino correcto y que también seamos capaces de defender nuestras propias ideas de forma independiente cuando proceda.
v) Luchamos por la mayor coordinación posible de los movimientos sociales en torno a reivindicaciones y temas similares a escala internacional que sean ampliamente comprendidas dentro del movimiento y tengan sentido en ese momento concreto. Intentamos asegurarnos de que las estructuras a nivel internacional no sólo reflejan partes de los movimientos que tienen acceso a financiación - una lucha que debería ser más fácil con el desarrollo de la tecnología que permite reuniones en línea con traducción. Luchamos para que sean realmente internacionales y reflejen las preocupaciones y demandas de todas las partes del mundo y no estén dominadas por las organizaciones del norte global.
Las decisiones de participar o de crear tales estructuras siempre deben ser tomadas colectivamente por nuestra propia organización –ya sea por fracciones o comisiones encargadas de coordinar este ámbito de trabajo, o por nuestras estructuras de dirección. Deberíamos evaluar regularmente si este es el rumbo correcto, si somos capaces de defender nuestras propias ideas de manera inde- pendiente y si esto es relevante.
vi) Luchamos para que todos los movimientos sociales adopten un enfoque interseccional sin perder de vista sus reivindicaciones particulares.
vii) Luchamos por la cooperación y el apoyo mutuo entre diferentes movimientos sociales. Apoyamos el desarrollo de los Foros Sociales Mundiales en los que las asambleas generales de los movimientos sociales eran una oportunidad para realizar declaraciones conjuntas que pusieran de relieve los vínculos y los puntos de convergencia de los distintos movimientos sociales, incluidos los movimientos sindicales. Hoy en día esa idea se resume mejor en la idea de un «movimiento de movimientos», pero la idea no está realmente concretada en ninguna parte, al menos a escala internacional.
viii) En diferentes contextos, los movimientos pueden enfrentarse a la situación de que los partidos que defienden las políticas propugnadas por los propios movimientos, y en los que lxs propixs activistas y líderes de los movimientos son activos, pueden hacerse con el control de los gobiernos locales o incluso nacionales.
Lxs líderes del movimiento, o militantes de estos pueden incluso recibir ofertas y aceptar puestos de responsabilidad en estos gobiernos. Del mismo modo, tales gobiernos pueden ofrecer puestos a militantes de movimientos no alineados, afirmando que elles «representarán» a los movimientos.
Sostenemos que la posición de los movimientos debería ser permanecer totalmente independientes de todas las estructuras gubernamentales. No obstante, los movimientos pueden enfrentarse a la dificultad de continuar organizando una movilización de masa independiente frente a un gobierno que goza de apoyo popular y que pretende apoyar y llevar a cabo las reivindicaciones de los movimientos.
ix) Si bien nuestros métodos de organización en el seno de los movimientos sociales tratan de estar lo más cerca posible de la base y de la independencia política del Estado, tampoco nos oponemos, en determinadas situaciones, a poner energía en organizaciones no gubernamentales (ONG), o incluso a crearlas. La evaluación de la conveniencia de hacerlo en primer lugar y de continuar debe realizarse colectivamente a través de las estructuras democráticas de nuestra organización; evaluar si las reglas que los rigen y el acceso a financiamiento publicó refuerzan los objetivos políticos mencionados a continuación o los restringen.
x) Apoyamos que los movimientos sociales planteen la cuestión del poder. Si quieren hacerlo sin perderse en el izquierdismo o el sustitucionismo, deben ser suficientemente amplios para que su fuerza y naturaleza puedan oponerse objetivamente al poder de la clase dominante.
Este fue el caso del Hirak en Argelia, las revoluciones árabes, los Indignados en el Estado español, el movimiento campesino en India y la movilización popular en Chile, por ejemplo. En la línea de los grandes movimientos revolucionarios del siglo pasado, sostenemos que los movimientos de masa, dotados de estructuras de autoorganización del proletariado en particular, constituyen una forma de poder alternativa al de la burguesía. Tradicionalmente ponemos en relieve el lema de Asamblea Constituyente, vinculado a reivindicaciones transitorias, especialmente en cuestiones sociales -aunque este tipo de eslogan debe ser ajustado caso por caso- para defender esta perspectiva.
xi) Creemos que los movimientos sociales democráticos deben seguir organizándose incluso después de la toma del poder y aún más tras la consecución de sus principales reivindicaciones o un cambio de gobierno en una dirección «progresista». Tomamos nota, por ejemplo, de la importante experiencia del movimiento de mujeres en Nicaragua luchando contra la corrupción de la revolución Sandinista original, así como por las reivindicaciones específicas de las mujeres. También de los sin tierra en Brasil para luchar por una verdadera reforma agraria contra el gobierno de Lula en 2005/2006.
2. Movimientos sociales reaccionarios
Dentro de nuestra tradición hemos tendido a considerar los movimientos sociales como innatamente progresistas. Sin embargo, no debemos ignorar el hecho de que la derecha radical tiene toda una tradición de organización en torno a cuestiones sociales. Lxs camaradas del mundo árabe han hablado a menudo de la tradición de los fundamentalistas de organizar servicios sociales dirigidos a los sectores más pobres de la sociedad para proporcionar alimentos, medicinas, etc. allí donde el Estado no lo hace. Esta es también una experiencia que los camaradas en Pakistán y aún más en la India -donde el BJP y sus organizaciones predecesoras se construyeron sobre esta base. Los evangélicos en Brasil tuvieron una trayectoria similar en la «organización» en las favelas. Pegida es otro ejemplo, al igual que organizaciones anti-vacunas en el Norte Global así como los movimientos antiabortistas a escala internacional.
En general, estos movimientos no tienen democracia, sino que se parecen mucho más a organizaciones de «fachada» de partidos políticos de extrema derecha (véase la sección 3). Cuando sus reivindicaciones fundacionales son reaccionarias, obviamente no tenemos nada que ver con ellos, pero puede haber situaciones en las que podríamos formar parte de una movilización común en torno a reivindicaciones que apoyamos, al tiempo que intentamos ganar a sus bases para un movimiento social genuino basado en la democracia y en un programa más completo y positivo. En otras situaciones, los movimientos sociales en los que participamos pueden preferir convocar sus propias movilizaciones que pueden tratar de conseguir lo mismo - es una cuestión de evaluar la relación de fuerzas y el hecho de que no deseamos hacer nada que dé credibilidad a estos movimientos reaccionarios.
En cualquier caso, esto refuerza la necesidad de formar parte de los movimientos sociales y de luchar en su seno para hacer avanzar las reivindicaciones y los programas que cuestionan las políticas capitalistas y la organización capitalista de la sociedad, que organizan la democracia y la solidaridad, frente a los programas racistas o reaccionarios que pueden intentar aplicar ideas de extrema derecha que refuerzan los intereses capitalistas.
3. Errores en la izquierda
Desgraciadamente, nuestro enfoque de los movimientos sociales no es universal en la izquierda radical. Existe una larga tradición de organizaciones estalinistas y maoístas que, en lugar de construir movimientos sociales unitarios, crean organizaciones de fachada cuyo principal objetivo no es llevar adelante la lucha, sino actuar como correas de transmisión de sus propios partidos. Aunque este enfoque no es teorizado de la misma manera por otras organizaciones de la izquierda radical, tanto el IST (con el SWP británico en su centro) como el CWI (con el Partido Socialista Británico en su centro) han tendido a menudo a utilizar el mismo enfoque.
En estos últimos casos, la otra tendencia es que su inversión de cuadros en estos proyectos tiende a ser esporádica -y de uno en uno-, basada en su juicio no sobre la importancia objetiva de las cuestiones en torno a las que se movilizan, sino sobre su potencial de reclutamiento.
Lo mismo ocurre con algunas organizaciones que no se inscriben exactamente en el mismo marco, y en las que trabajan algunos de nuestros camaradas.
Cosas similares ocurren en todos los continentes y probablemente en todos los países, lo cual es problemático porque socava la unidad potencial del movimiento correspondiente, pero también porque da mala fama a toda la izquierda radical dentro de esos movimientos sociales.
Al mismo tiempo, debemos cuidarnos del peligro contrario: que nuestro apoyo a la autonomía y la democracia de los movimientos sociales no suponga que dejemos de promover nuestra política general y de ganar militantes para nuestra bandera.
4. Peligros generales en los movimientos
a) Burocratización/falta de democracia
Existe un peligro real de burocratización en cualquier movimiento social a menos que aquellos que son activos en la base tengan un impacto real en la dirección de la organización. Esto es cierto incluso en los movimientos sociales donde no hay personal remunerado o donde las condiciones materiales del personal remunerado son poco diferentes de las de los voluntarios no remunerados. Cuando se lanzan nuevas organizaciones, suele ser porque hay un propósito común urgente, lo que significa que mucha gente no prestar atención a estas cuestiones, pero una vez que se cometen errores, es más difícil cambiarlos después y es probable que socaven su capacidad de mantenerse a largo plazo. Cuando las organizaciones crecen, el peligro es mayor, ya que las estructuras se vuelven más engorrosas. Y algunas organizaciones se vuelven hostiles a debatir formas de evitar estos peligros porque se centran en presionar e influir en los políticos o en ONG más grandes.
b) Clientelismo y asistencialismo
El texto del congreso mundial de 1991 América Latina: Dinámica de los movimientos de masas y corrientes feministas planteaba los peligros del clientelismo es decir, la expectativa de que el apoyo a (algunas de) las demandas del movimiento será recíproco por un apoyo al partido político que lo hace, y de la ayuda mutua es decir, que el movimiento proporciona servicios que deberían ser proporcionados gratuitamente por la sociedad en su conjunto.
“Plantear exigencias al Estado en relación con los problemas sociales y políticos tiene la enorme ventaja de poner la responsabilidad donde debe estar, en el conjunto de la sociedad y sus instituciones, y confiere más fácilmente a la acción de masas un carácter político. El éxito de las luchas y movilizaciones hace avanzar tanto su conciencia general como su fuerza y confianza en sí mismas.
La práctica nos ha enseñado, sin embargo, que la dependencia del Estado no está exenta de peligros. Por un lado, podría darse una dinámica clientelista y, por otro, al ganar parcialmente ciertas reivindicaciones, las mujeres pueden verse absorbidas por tareas administrativas de prestación de servicios.”
Nos parece que esos peligros, contra los que, según el texto, se puede luchar con más éxito luchando por la democracia más profunda en el movimiento, son dificultades de las que pueden ser presa todos los movimientos sociales, en particular en los países del Sur Global.
Al mismo tiempo, somos conscientes de que a veces los movimientos que se organizan para responder a las necesidades inmediatas de las poblaciones pueden ser esenciales para atraer más fuerzas hacia la actividad, por ejemplo, la acción de camaradas en Pakistán proporcionando comida a prisioneros políticos liberados que no tenían ninguna otra forma de subsistencia y donde ellos son el único soporte financiero de su familia durante su encarcelamiento. Estas formas de prefiguración pueden, en otras ocasiones, contribuir a presionar al Estado para que proporcione servicios de manera continua o más amplia, por ejemplo, en Gran Bretaña en los años 70, grupos de liberación de mujeres hicieron campaña por guarderías comunitarias y, en algunos casos, ocuparon edificios vacíos y los acondicionaron ellos mismos, lo que llevó a que tales servicios fueran establecidos por un número de consejos locales.
c) Fragmentación
Aunque estamos a favor de la convergencia de luchas y del apoyo mutuo -lo que a veces se denomina “un movimiento de movimientos”-, esto no significa que los movimientos adopten reivindicaciones sobre todas las cuestiones. Por ejemplo, es excelente que dentro de La Vía Campesina haya secciones de mujeres y jóvenes y eventos específicos que respondan a sus necesidades concretas como parte de la campaña en torno a la tierra y la soberanía alimentaria. Por otra parte, dentro de Ende Gelände, el movimiento de acción directa medioambiental de Alemania, algunos han sugerido que debe adoptar una postura sobre todas las cuestiones políticas, lo que corre el riesgo de fragmentar y embotar el movimiento.
d) El izquierdismo
También hay que tener cuidado de luchar contra las lógicas izquierdistas en el seno de los movimientos sociales, que se caracterizan por: una búsqueda permanente de la radicalidad por la radicalidad (en la línea política y en los métodos de lucha); el rechazo del compromiso, y de cualquier alianza con otras franjas progresistas de los movimientos sociales, percibidas como no suficientemente radicales; y una desconexión respecto a la conciencia de clase de las masas y una desconfianza hacia estas. En un periodo marcado por el declive de los movimientos revolucionarios, este tipo de lógica tiende a cobrar mayor importancia, tratando de contrarrestar la relativa debilidad de los movimientos de masas con un radicalismo abstracto.
5. Auge y declive del movimiento antiglobalización
El punto álgido de la coordinación de los movimientos sociales a escala internacional (y regional) hasta la fecha tuvo lugar con el desarrollo de los Foros Sociales Mundiales (FSM) y los foros regionales que también se desarrollaron. El FSM se celebró por primera vez en Porto Alegre, Brasil, en 2001, y se desarrolló anualmente hasta 2016. La retirada de la Marcha Mundial de las Mujeres y de La Vía Campesina del Consejo Mundial del FSM en 2005 fue a la vez un reflejo y una contribución al declive de su importancia.
La evolución de la participación del foro ha sido desigual, reflejando en cierta medida las evoluciones de los principales movimientos sociales implicados, pero también la evolución política general. El contexto fue primero el ciclo de luchas entre 1995-2005 y luego el ciclo posterior. Es notable que ni el ciclo de lucha que condujo al desarrollo de los movimientos de indignados/ocupas ni el surgimiento de la primavera árabe tuvieron al FSM como punto de referencia principal ni condujeron a movimientos sociales permanentes con coordinación internacional.
El contexto político de los primeros foros incluía importantes acontecimientos en América Latina, que se basaban en parte en el trabajo de los Encuentros tras el levantamiento zapatista de Chiapas en 1994, pero centralizándolo, y también el crecimiento del PT, que condujo a la primera elección de Lula en 2003. La manifestación masiva contra la OMC en Seattle -que incluyó la participación de un contingente significativo de sindicalistas- también fue un factor importante, así como las movilizaciones contra el Banco Mundial, el FMI y el G8 (Washington en abril de 2000, Praga en septiembre de 2000, Génova en julio de 2001), sobre todo en Norteamérica y Europa. Un tercer impulso clave para algunos de los primeros foros fue el desarrollo de un movimiento internacional contra la guerra muy importante a partir del otoño de 2002, que protestaba contra la invasion de Irak, antes de la invasión de marzo de 2003 y que continuó después. Merece la pena analizar hasta qué punto los acontecimientos políticos que siguieron a la caída del muro de Berlín abrieron un debate sobre alternativas al capitalismo.
Estas corrientes no fueron las únicas organizaciones importantes que participaron en el FSM desde el principio. Otras organizaciones clave fueron CADTM (fundada en Bélgica en 1990) La Vía Campesina (fundada en Bélgica en 1993) Attac (fundada en Francia en 1998) La Marcha Mundial de las Mujeres (fundada en Quebec en 2000)
Sindicatos y sindicalistas apoyaron el proyecto, pero es más difícil cartografiarlo. Entre ellos estaban la CUT de Brasil, la KCTU de Corea del Sur, la WOSA de Sudáfrica, en Europa, además de la CGT y la FSU francesas, sindicatos de la DGB como IG Metall o ver. di, las confederaciones belgas FGTB, CSC, en Gran Bretaña UNITE y RMT, en Italia FIOM, los sindicatos americanos de la AFLCIO en torno a Labor Notes y la corriente de sindicatos sindicalistas revolucionarios (CGT del Estado español, COBAS italiana, STI, USB, en Brasil, CONLUTAS, CTA argentina, SUD Solidaires de Francia, ahora parte de la Red Internacional Sindical de Solidaridad y Lucha.
Tras el primer foro de 2001, las organizaciones brasileñas que lo organizaron redactaron una «Carta de Principios». Dos cosas que merecen comentario: primero su actitud hacia los partidos políticos (que en el texto casi siempre se fusionan con los partidos gubernamentales: «No deben participar del Foro representaciones partidarias ni organizaciones militares. Podrán ser invitadas a participar, en un character personal, gobernantes y parlamentarios que asuman los compromisos de esta Carta.»
Otros partidos no pudieron organizar talleres en el marco del Foro ni tener stands en el recinto. Pero la declaración también refleja un crecimiento de las ideas autonomistas dentro del movimiento, hacienda hincapié en la idea de un poder paralelo en lugar de en la necesidad de enfrentarse al Estado y desmantelarlo. El lema Otro Mundo es Posible podía ser y era apoyado por corrientes con distintos enfoques de éste y otros debates.
Una segunda declaración prohibía a los Foros como tales emitir declaraciones o comunicados como tales, pero al mismo tiempo creaba el espacio para la reunión de movimientos sociales que podían hacerlo y de hecho lo hicieron. La Cuarta puso importantes recursos en el movimiento antiglobalización, en el movimiento contra la guerra y en otros movimientos que participaban en el proceso de los foros sociales, así como en el propio FSM. En particular, nuestros camaradas desempeñaron un papel importante en la convocatoria de la asamblea de movimientos sociales que emitió importantes declaraciones entre 2005 y 2015, que estaban un poco alejadas del foro en sí, pero que sin embargo tuvieron un impacto.
Deberíamos tratar de evaluar hasta qué punto la relativa atrofia del movimiento en esta forma fue resultado de los giros en la situación política internacional (por ejemplo, la retirada de la Marea Rosa, el ascenso de la nueva extrema derecha, el declive del movimiento contra la guerra, etc.) y hasta qué punto fue resultado de errores estratégicos de los líderes/ corrientes políticas dominantes en el movimiento.
6. Conclusión
Este texto se basa en nuestras anteriores discusiones colectivas sobre la importancia de los movimientos sociales en la batalla por el socialismo: su importancia estratégica en la movilización y politización de capas de explotados y oprimidos y su desarrollo de elementos programáticos y reivindicativos que enriquecen nuestro propio programa. Se trata de un enfoque que constituye una importante conquista para nuestra corriente política desde hace décadas y codificarlo de forma más sistemática es una tarea importante. Para producir el resultado más completo que repercuta en nuestra teoría y praxis más allá del propio Congreso, necesitamos un debate más amplio.
Será importante recibir contribuciones complementarias sobre las conclusions teóricas y prácticas derivadas de este trabajo. Ya podemos indicar una serie de temas a desarrollar:
- los movimientos de campesinos pobres, jornaleros agrícolas y agricultores cuestionan los supuestos de los primeros marxistas sobre la relación estratégica entre el proletariado y el campesinado;
- el papel estratégico de las comunidades indígenas y su contribución esencial a otros movimientos sociales como el de las mujeres y/o el ecologista;
- por qué el movimiento contra la deuda ha tenido un éxito especial a la hora de ampliar su alcance internacional durante un periodo en el que otros movimientos han retrocedido o han necesitado cambiar significativamente de enfoque y/o formas organizativas.
- el papel de los movimientos sociales reaccionarios, quizá especialmente de Asia y el Norte de África;
- la actual relación de fuerzas en los movimientos de mujeres y LGBTIQA+, y los nuevos retos teóricos a los que nos enfrentamos.
También observamos que nuestro debate colectivo está poco desarrollado en dos cuestiones concretas de opresión: en torno al racismo y la racialización y en torno a la discapacidad.
La primera es especialmente compleja porque la historia de la autoorganización no sólo es muy diferente en las distintas partes del Sur Global, sino también dentro del Norte Global, (porque concierne a diferentes poblaciones). Diferentes factores históricos y actuales, como la naturaleza de las relaciones coloniales, la presencia de una población indígena anterior a la colonización, una población afrodescendiente resultante de una economía esclavista, las diferentes formas y causas de los movimientos migratorios, configuran cómo se vive el racismo y las formas de las luchas y movimientos antirracistas. Al mismo tiempo, nuestras respuestas a los desafíos planteados por el radicalismo negro y el marxismo negro están poco desarrolladas. Por último, no hemos colectivizado la intersección entre la autoorganización indígena y negra, que es importante, por ejemplo, en Brasil. De nuevo, sería importante contar con contribuciones sobre estas cuestiones.
En cuanto a las cuestiones de discapacidad, existe una gran cantidad de teorización desde una perspectiva marxista por parte de personas discapacitadas de los movimientos de personas discapacitadas y de activistas y académicos individuales. Sin embargo, hay menos intersecciones entre los movimientos de personas discapacitadas y otros movimientos sociales; aunque hay organizaciones de personas discapacitadas que son interseccionales, en particular, los movimientos de mujeres discapacitadas. A pesar de las debilidades históricas a la hora de organizar a las personas discapacitadas, así como de participar como personas discapacitadas o en solidaridad con los movimientos de personas discapacitadas de la izquierda en su conjunto, es importante que seamos defensores coherentes del modelo social de la discapacidad. El modelo social de la discapacidad sostiene que no son las deficiencias en sí mismas la causa de la opresión de las personas discapacitadas. La discapacidad es más bien la exclusión social de las personas discapacitadas debido a las necesidades de la sociedad capitalista. Apoyamos la autoorganización autónoma de las personas discapacitadas y también debemos luchar para que todos los movimientos sociales y la izquierda se organicen de la forma más accesible posible para las personas discapacitadas, con el fin de garantizar su inclusión en la izquierda, lo que significa solidarizarse con las reivindicaciones tanto de las personas discapacitadas como de sus organizaciones y las tácticas y reivindicaciones que elijan. Este es un ámbito en el que algunas de nuestras organizaciones están trabajando y desarrollando sus ideas, y agradeceremos cualquier contribución sobre esta teoría y praxis.
Los movimientos sociales nacen y se reconfiguran inevitablemente en un contexto de crisis y agitación, por lo que puede haber muchas cuestiones nuevas que abordar. En particular, sería negligente ignorar el importante desarrollo del movimiento de solidaridad con el pueblo palestino que ha surgido desde el 7 de octubre de 2023 y la respuesta genocida del Estado israelí al mismo. Hemos hecho algunas evaluaciones de los puntos fuertes del movimiento -incluyendo su difusión internacional, la juventud y feminización de su liderazgo, la creciente fuerza de la participación judía en solidaridad con el pueblo palestino y la relación positiva de este movimiento de solidaridad con otros movimientos sociales- así como de sus puntos débiles -en particular su relativa falta de fuerza en el mundo árabe así como, obviamente, la pésima relación de fuerzas para el pueblo palestino en su conjunto-. Estas evaluaciones deben seguir desarrollándose y/o actualizándose en respuesta a acontecimientos posteriores.
La comprensión y la orientación hacia los movimientos sociales aquí desarrolladas informan nuestra actividad política como Cuarta Internacional a nivel nacional e internacional.
Apéndice 1
El movimiento feminista de mujeres.
En 2021, la Cuarta Internacional adoptó una resolución titulada «El nuevo auge del movimiento de mujeres». Aunque es algo anterior al documento actual, sigue siendo útil como complemento sobre el estado actual del movimiento.
Apéndice 2
El movimiento LGBTIQA+
Este apéndice no pretende ser una imagen total del estado de la lucha o el movimiento LGBTIQA+, sino desentrañar algunos de los factores clave que enfrentan el movimiento y la izquierda hoy en día, basándonos en nuestra experiencia colectiva pero parcial. Al nivel de actitud de las clases dominantes, nos encontramos en un punto contradictorio con respecto a la política LGBTIQA+, al igual que, en cierta medida, lo estamos con otras cuestiones sociales.
Por un lado, las políticas homófobas, misóginas y particularmente tránsfobas son movilizadores centrales para los movimientos clave de extrema derecha. Trump y quienes lo rodean son los más visibles, pero no debemos restar importancia al papel de las corrientes cristianas evangélicas en África y América Latina ni a los ataques contra los derechos de paternidad y adopción de parejas del mismo sexo en la Italia de Meloni.
Por otro lado, otros Estados afirman defender los derechos LGBTIQA+ dentro de un marco de ‘derechos humanos’ mientras se centran en la idea de que: i) la familia LGBTIQA+ (como las familias heterosexuales) puede reemplazar los servicios públicos estatales en la provisión de reproducción social, y de que ii) el mercado rosa es un lugar útil para que el capital obtenga ganancias. Esta tendencia que ha existido durante décadas se está adaptando a la agenda de la extrema derecha, quizá de manera tan grotesca como en el caso de la migración. Al mismo tiempo, siempre ha sido una agenda más dirigida hacia y complaciente con los hombres cis gays.
El movimiento LGBTIQA+ tiene muy pocas estructuras o eventos internacionales, lo que dificulta la evaluación del equilibrio político de fuerzas. Esto está agravado por el hecho de que el Foro Social Mundial y los foros regionales asociados, quienes proporcionaron cierto enfoque hacia los grupos radicales dentro del movimiento, ya no funcionan de la misma manera. Sin embargo, hay algunas tendencias generales que podemos observar.
En el lado negativo, debemos señalar –y encontrar formas más efectivas de denunciar y oponernos e él– el desarrollo de una corriente antitrans visible. Esta tendencia no se limita en absoluto a lesbianas, gays y muy ocasionalmente personas bisexuales (muchas de sus figuras más prominentes son mujeres cis); sino que muy a menudo es una minoría entre los activistas, que, sin embargo, es profundamente perniciosa. Políticamente podemos ver cómo encaja en el panorama más amplio, con algunxs de ellxs aparentemente felices de hacer causa común con activistas de extrema derecha y al mismo tiempo queriendo promover una visión de los «derechos sexuales» que reproduce las nociones de género y sexualidad como fijas (a veces como dadas por Dios), haciendo eco en la necesidad de «proteger» a lxs niñxs y a lxs jóvenes y generando profundas divisiones. La mayoría de estas corrientes también son negativas en cuanto al sexo y profundamente hostiles hacia lxs trabajadorxs sexuales.
Sin embargo, en el lado más positivo, hay muchos avances que catalogar. Entre lxs jóvenes, a pesar del crecimiento compensatorio de las ideas de extrema derecha, en muchos contextos existe una actitud más positiva hacia las personas que exploran la sexualidad y la expresión de género. Esto ha llevado al desarrollo/proliferación de nuevas identidades como las no binarias y agénero, que en realidad no existían en las mismas formas en períodos anteriores, así como en algunos contextos el separar de alguna forma las formaciones sociales para las mujeres trans y los hombres trans. Aquí existen algunos peligros en términos de fragmentación, agravados por el hecho de que las lecciones de períodos anteriores de lucha no tienen canales sólidos para la exploración. Además, el nivel de atomización y aislamiento impuesto por el capitalismo avanzado a lxs más marginadxs puede resultar en un sectarismo nacido de la frustración.
Algunas lecciones y, de hecho, formas de organizarse que salieron a la luz en torno al VIH/SIDA, especialmente en los países capitalistas avanzados, tuvieron impacto creando algunas de las muestras de organización colectiva más positivas en respuesta a la pandemia de COVID en términos de lucha por la provisión estatal para proteger a lxs más vulnerables en riesgo. La viruela símica no tuvo realmente el mismo impacto, pero en un mundo donde la crisis ambiental significa que otras pandemias son inevitables, debemos fortalecer esto.
La participación visible de muchxs activistas queer, incluyendo a militantes trans y lesbianas, en campañas para defender y ampliar las luchas por la autonomía corporal. La lucha para defender y ampliar el derecho al aborto en la ley y en la práctica ha seguido siendo crucial en muchos territorios y continentes. Al mismo tiempo, la participación de activistas queer en estas campañas a menudo ha ganado un apoyo más amplio para la lucha de las personas trans, particularmente de lxs jóvenes trans, por una atención médica que afirme la vida.
Durante el movimiento Black Lives Matter, la visibilidad y la mención específica de Black Trans Lives fue particularmente alentadora. No podemos sacar conclusiones sobre lo que esto dice sobre la relación entre los movimientos negros/indígenas/queer y trans en diferentes territorios.
Activistas radicales queer y feministas a menudo se han manifestado en solidaridad con Palestina, rechazando el pinkwashing que hace la sociedad israelí con el pretexto del indudable sexismo y heterosexismo de Hamás. Estxs activistas señalan con razón que las mujeres palestinas y las personas LGBTIQA+ son igualmente víctimas del genocidio israelí, que la opresión de las personas LGBTIQA+ palestinas bajo el dominio israelí (dentro y fuera de la ‘Línea Verde’) se ve agravada por las leyes de apartheid que les golpean por ser palestinxs, y que la sociedad israelí está lejos de ser un modelo en cuanto a derechos de las mujeres o LGBTI, incluso en comparación con las democracias capitalistas de Europa occidental o de América. Estas organizaciones y contingentes construyen sobre el trabajo realizado durante un período más largo tanto por activistas y organizaciones queer de la región como por aquellxs que trabajan dentro del movimiento de solidaridad internacional, pero se han vuelto mucho más evidentes a medida que el movimiento ha crecido internacionalmente en el último año y más. Si bien ha habido algunas tensiones en algunos países (por ejemplo, inicialmente en Dinamarca), en general este ha sido un acontecimiento que ha hecho que un sector clave del movimiento queer sea más visible que antes, claramente alineado con un enfoque antiimperialista y más accesible a las comunidades que quizá anteriormente estaban cerradas a ello. Los puntos planteados por estxs activistas deben integrarse en el discurso del movimiento de solidaridad más amplio”
Apéndice 3
Antirracismo
En términos de racismo y racialización, a pesar de las dificultades señaladas en la conclusión, es útil señalar que dos importantes acontecimientos mundiales iban a tener una fuerte influencia en estos movimientos y a dividirlos:: la “Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia” de las Naciones Unidas, celebrada en Durban en 2001, y los atentados del 11 de septiembre de 2001. En la Conferencia de Durban, los acalorados debates y las reivindicaciones conflictivas se centraron en: si el sionismo era una forma de racismo y si el aumento del antisemitismo se debía a la opresión de les Palestines por parte de los diversos gobiernos israelíes. La exigencia de disculpas individuales de parte de cada Estado que haya practicado la esclavitud en el pasado, así como el reconocimiento de la esclavitud como crimen contra la humanidad, con reparaciones; la reafirmación de los derechos de les refugiades y la necesidad de proteger a las minorías étnicas, culturales, lingüísticas y religiosas; la discriminación contra les romaníes y las comunidades itinerantes; el reconocimiento explícito del vínculo entre sexismo y racismo. Por su parte, los atentados contra las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York servirán de pretexto para amplificar una nueva forma de racismo, que en algunos países (Francia y Bélgica) será muy difícil de reconocer: la islamofobia. Asistimos a dos grandes cambios en la lucha contra el racismo: en la década de 1990, el abandono del racismo biológico (no existe raza humana), que fue sustituido por el racismo cultural y, más tarde, por el racismo basado sobre el culto; y en la década del 2000, la superación del antirracismo moral, basado en el antirracismo de Estado y su lucha contra la xenofobia (estereotipos y prejuicios) y la discriminación interpersonal, por un movimiento más radical, liderado por las generaciones más jóvenes de personas racializadas, deseosas de enfrentarse al racismo institucional, sistémico y estructural, especialmente al desarrollado por el Estado, sus aparatos y sus gobiernos.
En 2020, un tercer acontecimiento sacudió el tablero del antirracismo, asistimos con Black Lives Matter a la mayor movilización antirracista desde los años sesenta y la lucha de las personas negras estadounidenses por los derechos civiles. En todo el mundo, cientos de miles de manifestantes salieron a la calle para exigir cambios radicales y duraderos en el lugar que ocupan las personas negras y afrodescendientes en nuestras sociedades (descolonización de las mentes, de la educación, de los museos y de los espacios públicos). Estas luchas han puesto especialmente de relieve la violencia policial y las prácticas racistas. A partir de ahora, la lucha contra el racismo debe referirse a todas las formas de racismo: minorías étnicas y religiosas; inmigrantes/solicitantes de asilo y solicitantes de asilo rechazades; antisemitismo, islamofobia, negrofobia y romanofobia (al menos en Europa).
Al mismo tiempo que apoyamos la autoorganización de los pueblos oprimidos y racializados, debemos intentar unificar estas luchas en un movimiento radical, amplio, pluralista y unitario (convergencia de luchas), defendiendo al mismo tiempo un enfoque marxista interseccional. Nos corresponde establecer los vínculos entre las políticas imperialistas y las guerras para apoyar dictaduras y controlar y/o saquear materias primas para las multinacionales occidentales, rusas y chinas; las políticas de ajuste estructural y las deudas en el Sur global, el calentamiento global, etc., así como las diversas causas de la migración hacia las metrópolis. De ahí la importancia de abrir las fronteras y defender la libertad de circulación y asentamiento, al tiempo que se exige que se permita a los países del Sur Global desarrollarse y conservar a sus intelectuales.
Por último, luchar contra el fascismo significa luchar contra los partidos de extrema derecha y todas las estructuras (medios de comunicación, políticas estatales, partidos gubernamentales) que contribuyen a normalizar su presencia y sus ideas en el ámbito político. Significa pensar estratégica (a largo plazo) y tácticamente (a corto plazo) nuestras alianzas para luchar contra la amenaza fascista. Lo esencial en nuestras luchas antifascistas es establecer esta connexion entre las principales víctimas del autoritarismo estatal y la represión, que son también los blancos principales de la extrema derecha: inmigrantes y personas racializadas, mujeres, personas LGBTQIA+, minorías étnicas y religiosas, y sindicalistas y otres activistas de izquierdas. No podremos fortalecer nuestras luchas antifascistas sin la presencia de quienes sufren estas opresiones de forma más violenta, y para ello es necesario reconocer la importancia del racismo en la sociedad en general y en la ideología fascista.
28 de febrero 2025